ES · EU

Amigos de categoría 2008

Conversaciones
entre amigos

Invitados por la Quincena Musical a una charla, seguidores del festival, compartieron, entre risas y anécdotas, sus recuerdos más entrañables vinculados al festival.

Invitados por la Quincena Musical a una charla entre amigos, Rosario Urreta, Begoña Zulueta, Enrique Recondo y Paulino Caballero, cuatro seguidores veteranos de la Quincena Musical, compartieron, entre risas y anécdotas, sus recuerdos más entrañables vinculados al festival. Sus palabras retrataron retazos del pasado, y plasmaron reflexiones interesantes sobre la actualidad. Desde aquí, queremos animar a aquellos amigos a que rememoren sus recuerdos vinculados a a la Quincena Musical.

El ‘paraíso’ del Victoria Eugenia
Recuerdan con cariño el anfiteatro del Teatro Victoria Eugenia, al que acudían con asiduidad en su juventud. “Allí empezamos, en el gallito”, rememora Begoña Zulueta. Las localidades más baratas estaban ubicadas en aquel espacio formado por bancos corridos de madera, y muchos aficionados recurrían al mismo en aquellos años de dificultades económicas, en los que costaba llenar el patio de butacas. “Lo llamaban el paraíso”, apostilla Enrique Recondo. “Y allí entrábamos tropecientos”. Según delata su memoria, era un punto de encuentro llano y sencillo, especialmente ameno. “Se iba con merienda”, destaca Begoña Zulueta.

Los intentos para ‘colarse’
Su afición los llevó a la picaresca. “Yo más de una vez me he colado”, reconoce Enrique Recondo. “Por la parte de atrás, le dábamos igual una peseta o dos al que estaba, e íbamos para arriba corriendo...”. Paulino Caballero era otro de los que intentaba colarse por todos los medios posibles. “En una ocasión por el foso de la orquesta salí al patio de butacas”, rememora. “He hecho de todo, tengo numerosas aventuras. En otra ocasión, me colé metiendo el carro que se utilizó en la ópera ‘Payasos’, que interpretó Beniamino Gigli”. Tanto Paulino Caballero como Enrique Recondo cantaban en coros, y por lo tanto actuaban como comparsas en numerosas óperas, eso les facilitaba la entrada a los eventos musicales más importantes de la ciudad. Eran años complicados, de penuria económica, y agudizaban el ingenio. “Al portero le solíamos sobornar con un paquete de tabaco”, traen al recuerdo, entre anécdotas. “El año 1942 cuando vino Giacomo Lauri-Volpi a cantar ‘Rigoletto’, tuve la gran suerte de coincidir con un individuo que venía con la compañía y que era el encargado de la clá [responsable de incitar el público a aplaudir] y pude hacerme con unos tickets de la clá a cambio de un chusco de pan”, recuerda Caballero.
Justifican su afán por colarse. “Claro, no teníamos dinero”, recalca Caballero. El ingenio y su gran afición los llevó, incluso, a falsificar entradas. “Yo pude hacerme con unos abonos de la imprenta Coronas, que era la que hacía los abonos de la Quincena; eran unos abonos con una tira y luego unas tiritas taladradas, y cada noche, pues, con esa tira cortada pasábamos”.

La primeras Quincenas
“Las primeras Quincenas eran heroicas”, rememora Paulino Caballero. Eran años difíciles, y valoran favorablemente que San Sebastián contara con un festival de tal calidad. Enrique Recondo tiene en mente que los primeros festivales giraban, casi siempre, en torno a unos artistas de primer orden: “Traían siempre a una o dos figuras, y después ya el resto iba bajando un poco, generalmente”. Paulino Caballero, por su parte, revisando algunos programas de aquellos años, constata la gran calidad de los músicos que participaron en aquellas Quincenas Musicales de su juventud: “Había una gente extraordinaria”.
Victoria de los Angeles, Giacomo Lauri-Volpi, Amalia Pini... Hay artistas que en aquellos años participaron en Quincena Musical y que todos mencionan con veneración. Recuerdan actuaciones de cada uno de ellos y anécdotas ligadas a su presencia en San Sebastián. “Amalia Pini canto ‘Carmen’ “, relata Paulino Caballero, “y era tan gorda que un momento de la representación se cayó al suelo y no pudo levantarse...”. Begoña Zulueta también tiene recuerdos estupendos. “Carlo Bergonzzi vino durante muchos años”, explica. Y destaca al director Ataúlfo Argenta como otro de los asiduos. “Era una maravilla, a las mujeres sobre todo nos encantaba, tenía una gracia especial, un gancho terrible, y luego como siempre daba al final esas obras españolas tan estupendas... Se entregaba”. Alfredo Kraus, Mario del Monaco, Piero Cappuccilli, Montserrat Caballé... La lista de artistas que han admirado en el festival no tiene fin. “En la Quincena ha actuado lo mejor de cada época”, concluye Caballero. “Tanto hombres, como mujeres”.  La programación de ópera era muy atractiva en aquella primera etapa de la Quincena, y casi todos ellos ­–“yo soy más de ballet”, puntualiza Rosario Urreta- la añoran con pasión. De todas formas, valoran también favorablemente la presencia de grandes orquestas que han actuado en la Quincena.

Público exigente
Cuentan que frecuentemente acudían a los eventos de la Quincena Musical en pandilla, con amistades cercanas. “Amigas del colegio, chicas de la misma edad, empezamos a ir a gallito, y eso desde los 20 años. Íbamos pandillas enteras”, rememora Begoña Zulueta. Rosario Urreta recuerda que acudía a menudo con familiares: “Con mi madre iba más abajo, al patio de butacas”. Mujeres y hombres compartían afición, pero en proporción la afición la conformaban más hombres que mujeres. “Había una diferencia notable de hombres a mujeres”, matiza Enrique Recondo. Reconocen que eran un público exigente. “Había un gran rigor para las representaciones y los cantantes”, destaca Caballero. “A Giacomo Lauri-Volpi, una vez que vino a cantar ‘Rigoletto’ y ‘El Trovador’  se le llamó la atención. Cantó el ‘Rigoletto’ y triunfó, y en la segunda obra se pasó”. Se recuerdan como un público vehemente en su manera de reaccionar: “Solía haber pataleos”, rememora Zulueta. “Hubo un espectador que le pitó a Lauri-Volpi y le espetó: ‘Aprende a cantar’”, relata Caballero. “Se era muy exigente entonces”, dice. “Y también se aplaudía un montón”.

El público actual
Actualmente creen que se aplaude más, pero con menos criterio. “Hay unos que gritan enseguida unos bravos y unas cosas...”, apostilla Rosario Urreta, crítica. Y Begoña Zulueta ahonda en esa opinión: “Ahora se aplaude más a todo”. Recuerdan también, que antes los ‘regalos’ con los que los artistas finalizaban sus actuaciones eran más frecuentes. “Hoy no se bisa nada”, critica Paulino Caballero. “Antes se bisaba mucho más”. Creen que el público joven de la actualidad accede a más vías de información, pero no creen que sea más entendido. “Hay más público, pero entendido no”, dice Caballero. “Entendidos quedamos muy pocos”, bromea. Ven que la gente joven que se incorpora no es muy numerosa. “Pero cuando les dices que les proporcionas alguna entrada, lo aprecian. Yo, desde luego, en mi familia, veo eso. En cuanto les das oportunidad, acuden”, dice Begoña Zulueta. Paulino Caballero le rebate: “Creo que acuden más por esnobismo que por afición”. Enrique Recondo tampoco ve en los jóvenes “ese arraigo” que a ellos los ha impulsado durante tantos años. “Falta inicio anterior”, concluye Paulino Caballero.

Actuando en el escenario
Paulino Caballero y Enrique Recondo, coralistas consumados, participaron en muchas óperas de Quincena como comparsas. “Yo tengo la anécdota de haber actuado con Mario del Mónaco en ‘Tosca”, recuerda Paulino Caballero. “Tuve la oportunidad de actuar con él agarrándole del brazo en el momento en el que cantaba ‘Victoria, Victoria!’, en el segundo acto”. Recondo también participó en muchas óperas. “He hecho de esclavo en “Aida”, de guerrero en “El Trovador”...”.

Presente de la Quincena
Ligados desde sus inicios a la Quincena, actualmente la siguen disfrutando, y piensan que ha tenido una evolución muy favorable. “Hoy llega a mucho más público”, afirman. “Hay más público y más espectáculos”. “Antes era más elitista”, incide Paulino Caballero. En relación a esta última etapa de la Quincena tienen palabras de agradecimiento profundo para el actual director, José Antonio Echenique. “Ha  hecho maravillas con poco dinero”, alaban Begoña Zulueta y Rosario Urreta, agradecidas. De todas formas, todos tienen sus peticiones. “Yo pido más ballet”, remarca Rosario Urreta. Es una apasionada del ballet clásico y pide un esfuerzo mayor para programarlo con más frecuencia en el festival. “Dicen que es muy caro, pero las orquestas con 80 miembros con un gran director y grandes solistas también lo son...”.   A pesar de las críticas, reconocen la labor entusiasta de la Quincena, y saben que no es fácil idear una programación que agrade a todos, y por eso agradecen el intento que se hace edición a edición. “Cada vez se hace mejor, y hay más cosas”, admite Begoña Zulueta. “Te gusta la música barroca y tienes música barroca, te gusta la música del renacimiento y tienes música del renacimiento...”, alaba. “Por ejemplo en el Convento Santa Teresa hemos visto cosas muy bonitas”. Verano a verano han crecido y han madurado con la Quincena Musical y dicen que su afición es ahora más honda, y que tienen criterios más sabios para disfrutar de la música clásica.  “Antes, por ejemplo, la música barroca no la conocíamos”, destaca Begoña Zulueta. “Ahora cada vez hay más conjuntos...”, incide Rosario Urreta. “Y a mí toda la música antigua me encanta”. Enrique Recondo reconoce también que toda una vida de afición, tantas Quincenas Musicales seguidas con pasión, han conseguido un “ensanchamiento” de la afición, que en ellos no decae.

Añoranza de las óperas de antaño
Entre lo que más echan de menos de las Quincenas de antaño actual está la ópera. “Ha tenido una evolución más sinfónica que operística”, opina Paulino Caballero, y el resto asiente. Añoran las óperas, tan frecuentes en las Quincenas de su juventud. Critican que actualmente se programan muchas óperas en versión concierto, y no les gusta. “Es lo que menos me gusta de la Quincena”, asiente Enrique Recondo. Dicen que la ópera requiere del escenario, de la actuación completa de los intérpretes, y echan de menos ese tipo de espectáculos. De todas formas, destacan que algunos montajes de ópera actual tampoco son de su agrado. Según Paulino Caballero consideran algunos espectáculos, “tan rompedores, tan novedosos”, impropios; los tachan de “salidas de tono” inadecuadas. Pero la programación actual también les ha ofrece momentos de de gozo. “A mí, por ejemplo, me gusto mucho la ‘Carmen’ del año pasado, y eso que no soy muy de ópera...”, reconoce Rosario Urreta.  También añoran el Victoria Eugenia como escenario para ópera. El Auditorio Kursaal les gusta para conjuntos instrumentales. Pero para la ópera, para las voces en general, prefieren el teatro. “Es lo que los nostálgicos echamos de menos”, dice Paulino Caballero. “El Kursaal es un rompevoces, la voz no corre, no suena”. Begoña Zulueta corrobora esa opinión. “Para las voces, los más adecuados son los teatros en forma de herradura, como el Victoria Eugenia”.

Recuerdos más recientes
Las últimas ediciones de Quincena Musical también son fruto de recuerdos gozosos para ellos. Begoña Zulueta destaca el concierto ofrecido el año pasado por el trío formado por Frank Peter Zimmermann, Christian Zacharias y Heinrich Schiff. “Escuchándolo, en el Victoria Eugenia, yo pensaba, si yo estuviera en el cielo y que si el cielo todos los días fuera eso, yo es que me abonaba a morirme...”, rememora, emocionada. Igualmente recuerdan con gran agrado ‘La Traviatta’ en la que actuó Ainhoa Arteta. “Cantaba con el Orfeón, y estaba muy bien representado; ella estaba guapísima”, destaca Rosario Urreta. Gran aficionada al ballet, recuerda también con placer el haber visto bailar en la Quincena a Sara Baras: “Me impactó, para mí fue una maravilla, un espectáculo completo”.  

Quincena Musical de San Sebastián
Donostiako Musika Hamabostaldia

Avda. de Zurriola 1
20002 Donostia / San Sebastián

Tel.: 943 003 170
Fax: 943 003 181

© Quincena Musical