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Amigos de categoría 2009

Conversaciones
entre amigos

Invitados por la Quincena Musical a una charla, seguidores del festival, compartieron, entre risas y anécdotas, sus recuerdos más entrañables vinculados al festival.

Carlos Arce
Carlos Arce(1953, Cangas de Narcea, Asturias)

"Entré en la música tras un periodo ecléctico: pasé por el jazz, luego el flamenco..."

José Luis Nagore
José Luis Nagore(1949, Zaragoza)

"Yo me he pasado noches haciendo cola en el Victoria Eugenia"

Elisabete de Beotegi
Elisabete de Beotegi(1929, Donostia)

"La Quincena es el mejor festival de los del sur de Europa"

Remedios León
Remedios León(1951, Aldeanueva de Ebro, La Rioja)

"No sé me olvidará nunca la banda sonora de la Naranja mecánica"

Daniel Apaolaza
Daniel Apaolaza(1941, Zumarraga)

"Yo no entiendo, pero disfruto"

Hasta la creación de la figura de Amigos, los aficionados que deseaban adquirir abonos para la Quincena realizaban grandes colas para poder obtenerlas. Todos tienen un recuerdo nítido de aquellas largas esperas. Las rememoran divertidos, admitiendo incluso un poso de añoranza en sus palabras. “Yo me he pasado noches haciendo cola en el Victoria Eugenia”, recuerda José Luis Nagore. Reconocen las inclemencias meteorológicas que sufrían, pero prevalecen los recuerdos más gratos. “Se conocía gente”, admiten.  “Nosotros, un grupo de amigos, nos turnábamos”, rememora Elisabete de Beotegi. “Se podía estar charlando, escuchando un poco de música, si te llevabas una radio o una casete o algo...Se pasaba bien”, reconoce. “Recuerdo que una vez una mujer se puso en una farola, cosiendo sentada en un banquito...”. Remedios León también tiene guardados en su memoria aquellos grandes madrugones para adquirir las entradas. “Pero yo antes de las seis de la mañana no iba...”, reconoce divertida. “Pero la verdad es que se pasaba bien”. Daniel Apaolaza se tenía que trasladar desde Zumárraga, y cuenta que se levantaba a las 05:00 de la mañana para llegar a tiempo a la cola.

La música como placer
Defienden ante todo el disfrute que crea la música. No entienden al público estricto que no hace más que criticar.  “Dos años seguidos me tocó al lado una persona que es muy conocida en San Sebastián, no voy a decir su nombre, una persona muy-muy entendida en música, y yo no lo soy, me gusta pero no entiendo. Y aquella era una persona a la que no le gustaba nada, a todo le sacaba faltas... Y al año siguiente le pedí a la taquillera que, por favor, no me pusiera al lado de esa persona”, recuerda, divertida, Elisabete de Beotegi. Van a los conciertos a disfrutar, y no quieren que un espíritu crítico exacerbado mitigue ese disfrute. “Recuerdo que en un concierto que hubo en el Convento de Santa Teresa el director puso al coro en círculo y lo hacía girar, y de esa forma todo el mundo veía a algunos cantantes de espaldas y a otros de frente; fue maravilloso. Yo en la salida decía: ‘¡Fíjate que bien habrán cantando, que ha aplaudido hasta Arturo Reverter [afamado crítico]!”. No les obsesiona que les gusten todas las obras, ni todos los ciclos. Remedios León reconoce, que no todos los estilos de música le gustan, ni tampoco todas las obras: “Algunas son un aburrimiento total”.

Amistades
“El hecho del abono, el tener el mismo asiento todos los años hace que conozcas a gente”, apunta Carlos Arce. “Luego igual no tengo relación con esa gente, pero en la Quincena sí. Salimos en el descanso, vamos a la calle para que los que fuman puedan fumar tranquilos... Y charlamos”. Daniel Apaolaza, por su parte, vincula la Quincena con las relaciones familiares. “Tengo el abono compartido, o sea que no voy a todas, lo comparto con las cuñadas y nos repartimos las entradas, es un doble abono, y de paso charlamos y estamos francamente a gusto”, explica.

Los inicios
Remedios León, Daniel Apaolaza, José Luis Nagore y Carlos Arce reconocen haber descubierto la música clásica de adultos, y que su afición ha crecido paulatinamente. Daniel Apaolaza liga su vinculación a la música clásica con un recuerdo lejano. “Yo era óptico, y en un curso que hice en Nueva York recuerdo que hacía 12 grados bajo cero. Fuimos al hotel y le dije a la mujer que qué hacíamos. Nos vio el conserje y nos dijo que si queríamos teníamos dos entradas para la ópera, se representaba ‘La Traviata’ de Verdi. ‘Aunque sea, no pasaremos frío’, le dije a la mujer, y al salir de la ópera observé que no me había aburrido, que había estado a gusto”. Aquella representación fue el germen de una afición que día a día crece. Carlos Arce expone que se inició en la afición tras un largo recorrido. “Entré en la música clásica tras un período ecléctico: pasé mi época de jazz, luego tuve una época de flamenco... Y al principio lo que más me impresionaban eran las orquestas filarmónicas, las orquestas potentes”. Y ha evolucionado: “Ahora la ópera es lo que más me gusta”. Remedios León también entró en la música clásica por vías no convencionales. “Primero con las películas de Kubrick; no sé me olvidará nunca la banda sonora de ‘Barry Lindon’, o la de la ‘Naranja mecánica’, con todo lo brutal que es esa película... Yo entonces era joven y poco a poco empecé a comprar discos. Y después, pues, con ‘Clásicos Populares’ vas escuchando, y dices ‘a mí ésto me gusta’ pero yo no había oido un concierto en directo”. Su primer abono lo adquirió con la Orquesta de Euskadi: “A ver que pasa... Y aquí estoy”.

Noches de Ópera
La ópera es fuente de recuerdos imborrables para todos ellos. La versión de “Elektra”, ofrecida por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Colonia y dirigida en versión concierto por Semyon Bychkov el año 2004, por ejemplo, permanece en su memoria. “No era necesario que fuera escenificada”, recuerda Remedios León, “fue maravilloso, verdaderamente impresionante”. Reconocen que la ópera no siempre ha de ser escenificada para ser disfrutada. “Tú te lo puedes imaginar”, admite Remedios León. “Muchas   veces, en las versiones en concierto estás más en la música”, reflexiona. “La representación de “El holandés errante” [interpretada en la edición del 2006] por ejemplo, no era escenificada, pero yo la tengo en mi memoria como si la hubiera visto escenificada”, expone Carlos Arce. Y hay más óperas que recuerdan con emoción, algunas escenificadas, pero admitiendo que con las óperas en versión concierto disfrutan también mucho. La lista de óperas que recuerdan con pasión es extensa: “Don Carlo”, “Boris Godunov”,  “Rigoletto”, “El rapto en el serrallo”, “Madama Butterfly”, “La italiana en Argel” ...

Conciertos inolvidables Cartel de Quincena Musical
Algunos eventos musicales del festival los recuerdan entre risas. “Con Christian Zacharias, cuando estaba interpretando la integral para piano de Mozart, que lo hizo en tres ediciones, el telón cortafuegos, subía y bajaba...”, relata Carlos Arce ante el asentimiento de los demás. En un descuido, un músico, rompió una caja antincendios de camerinos, y el mecanismo que detecta los incendios se activó. “Pero el público no se movió. La actitud del público fue ejemplar”,  incide Daniel Apaolaza. Las anécdotas son de todo tipo.  No todas son agradables: “Hace unos diez años o así vino una orquesta israelí, con Mehta”, recuerda Elisabete de Beotegi, “y había policias en el escenario”. Entre los conciertos míticos, recuerdan los ofrecidos por Teresa Berganza y Montserrat Caballé el año 1989. Elisabete de Beotegi narra lo que pasó, el resto asiente divertido. “Montserrat Caballé actuó, y fue una maravilla; no sé si era al día siguiente o al próximo, venía Teresa Berganza, y todo el mundo decía: ‘Qué difícil se lo ha puesto!’. Además, pasó que televisaron el concierto de Montserrat Caballé pero no el de la Berganza... Pero tiene esa mujer unas tablas, y la armó, realmente quería armarla, y estuvo fabulosa. ¡Creo que hasta siete bises nos ofreció!”.

Intérpretes de lujo
Cada aficionado tiene sus gustos, sus artistas favoritos. La lista es extensa, inabarcable, pero entre los intérpretes más venerados de la Quincena, destacan, entro otros, algunos nombres del mundo de la danza que los han impresionado estos últimos años: Lucía Lakarra (“brilla con luz propia”, admiten), Sara Baras, Tamara Rojo. Jordi Savall, habitual del festival, es otro artista que veneran; “deberían traerlo todos los años”, sentencia José Luis Nagore. Christian Zacharias también goza de su simpatía. “Yo creo que es un gran pianista, y está encantado de venir a Donostia, es impresionante como habla castellano”, incide Carlos Arce. También adoran a  María Joao Pires: “Es una maravilla, como solista o con otros”.

Ciclos
Reconocen que la Quincena estos últimos años ha ganado en variedad. El ciclo de música antigua, el de contemporánea, el de cámara... Han abierto un amplio abanico de posibilidades para los aficionados. José Luis Nagore se reconoce interesado por ciertos ciclos menores en tamaño, como el de música contemporánea o el de Chillida-Leku. “Me parece que es muy agradable ir, por ejemplo a algunos conciertos en Chillida-Leku. Ha habido algunos un poco duros... pero me interesa”. El resto se muestra un poco más distante con esos ciclos, sobre todo cuando se programan las músicas más vanguardistas. “A mí me gustaría que me gustara”, dice Elisabete de Beotegi, entre divertida y resignada.  Reconocen que los conciertos que no son programados en el Auditorio o en el Victoria Eugenia pasan a veces desapercibidos. “El cubo pequeño del Kursaal, por ejemplo, pocas veces se ha llenado en música de cámara y yo he disfrutado de verdaderas joyas en esa sala”, remacha Remedios León. 

Juventud
Algunos son escépticos ante la incorporación del público joven; lo ven distante. “Yo en mi entorno, por ejemplo, no lo veo”, dice Daniel Apaolaza. “En Zumarraga, por ejemplo, hay una escuela de música a la que van muchos chavales, irán 200-300 chavales; y luego a los conciertos que hay en La Antigua, que son francamente buenos, van muy pocos”. Dice que los jóvenes que entran son una minoría: “Pero entiendo que esa minoría se queda de tal manera enganchada, que es para largo”. Otros, simplemente, creen que es cuestión de tiempo. “Mis hijas, por ejemplo, no están vinculadas. Recuerdo que, la pequeña, cuando ponía la Quinta Sinfonía de Beethoven, me decía, ‘pon esa de misterio’; también le gustaba mucho ‘La reina de la Noche’ de ‘La flauta mágica’...”, explica Remedios León. Ha acudido a algún espectáculo con alguna hija suya, y cree que repetirían: “Si les ofreces un buen espectáculo...”. Carlos Arce advierte que no es conveniente ‘bajar’ el nivel de los conciertos de música clásica para atraer  a los jóvenes: “Yo no soy partidario de eso. Ya llegarán cuando tengan que llegar; yo llegué tarde, a mis treintantantos años...”.

Propuestas
Están, en líneas generales, más que satisfechos con lo que la Quincena Musical ofrece. José Luis Nagore menciona, de todas formas, que anhelaría encontrar en la programación algunos nombres que destaquen del resto. “El nivel es bueno, pero quizá se echa un poco de menos un solista o una orquesta no de primer nivel, si no que de primerísimo nivel”, opina. En líneas generales, creen que la Quincena les ha ofrecido la excelente oportunidad de descubrir a grandes artista, en muchos casos además, antes de que se convirtieran en grandes estrellas a nivel internacional. “Seguro que no tenían el caché que ahora tienen, y los pudimos disfrutar...”, destaca Remedios León. Mencionan, por ejemplo, a Juan Diego Flórez. “A mí me dejó impactado”, rememora Carlos Arce. “Y no lo conocía...”.  Daniel Apaolaza opina que la Quincena debería ahondar en su empeño por salir de San Sebastián y hacer llegar el festival también a otras localidades de  Gipuzkoa. Carlos Arce por su parte, fijándose en el festival de jazz y en la gran presencia que tiene en la calle, opina que la Quincena también tendría que intentar nuevas fórmulas para aumentar su presencia callejera. “Se puede poner un grupo tocando en la calle...”, propone.

Veranos ocupados
Consideran que la Quincena ofrece conciertos de todo tipo, y que llega a un público amplio. Ellos, organizan el mes de agosto en torno al festival. “Llega un momento en el que no tienes tiempo para ir a todo...”, reconoce Carlos Arce. “Gente que igual no tiene todo el abono tiene más tiempo, pero el abono te coge muchos días... Yo es que hace mucho que no tengo vacaciones por la Quincena, y encantado”. El resto asiente. Hay días en los que hacen doblete: “E incluso triplete”, añade Nagore. “Todos estamos igual esas fechas, pero encantados, es estupendo”, resume Remedios León.

Festival de primera
Consideran que la Quincena Musical de San Sebasti án es un festival de gran calidad. “Muy digno”, dice Elisabete de Beotegi. “Yo he oído decir que los del sur de Europa puede ser el mejor festival”. Remedios León asiente. “Santander, Granada y nosotros”, dice haciendo referencia a los festivales más cercanos, “y nosotros más baratos”. Recuerdan las orquestas y los intérpretes que estos últimos años han visitado al festival, y sentencian: “Nos trae lo mejor de Europa”. Reconocen con agradecimiento la labor que estas 30 ediciones ha hecho José Antonio Echenique dirigiendo el festival. Elisabete de Beotegi resume el sentir de todos: “Es un mago”. Perciben que muchos artistas vienen a gusto a San Sebastián y opinan que la gestión de José Antonio Echenique tiene mucho que ver en ello. “Lo hace muy bien”.

El Kursaal
Estos últimos 10 años el Kursaal se ha convertido en un espacio esencial del festival. Lo disfrutan. “Ha supuesto un gran tirón para la gente”, opina Remedios León. Creen además que tiene una gran acústica: “Para mí tiene un buen sonido, a mí me gusta mucho cómo suena”, admite José Luis Nagore, “es un sonido estupendo y realmente una orquesta la disfrutas”.

70 Edición
Consideran que la Quincena Musical de San Sebastián es un festival de gran calidad. “Muy digno”, dice Elisabete de Beotegi. “Yo he oído decir que los del sur de Europa puede ser el mejor festival”. Remedios León asiente. “Santander, Granada y nosotros”, dice haciendo referencia a los festivales más cercanos, “y nosotros más baratos”. Recuerdan las orquestas y los intérpretes que estos últimos años han visitado al festival, y sentencian: “Nos trae lo mejor de Europa”. Reconocen con agradecimiento la labor que estas 30 ediciones ha hecho José Antonio Echenique dirigiendo el festival. Elisabete de Beotegi resume el sentir de todos: “Es un mago”. Perciben que muchos artistas vienen a gusto a San Sebastián y opinan que la gestión de José Antonio Echenique tiene mucho que ver en ello. “Lo hace muy bien”.

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