La Orquesta Filarmónica de la Scala de Milán clausura la Quincena con una doble actuación bajo la batuta de Riccardo Chailly

•    El sábado 29 de agosto, la violonchelista austríaca Julia Hagen se sumará como solista invitada a un monográfico sobre Dvorak.

•    El concierto de clausura (domingo 30 de agosto) contará con la participación del Orfeón Donostiarra.

•    Últimas entradas en quincenamusical.eus y en las taquillas del Kursaal y Teatro Victoria Eugenia. 

Tras los conciertos ofrecido en los últimos días por The Constellation Choir & Orchestra con Sir John Eliot Gardiner y la Seoul Philharmonic Orchestra, dirigida por Jaap van Zweden, la 87 Quincena Musical llega a su final con la doble actuación de la Orquesta Filarmónica de la Scala de Milán, dirigida por su director musical, Riccardo Chailly, que regresan a San Sebastián tras el enorme éxito que cosechó en su primera visita al festival, en el verano de 2024. El tándem italiano ofrecerá el 29 de agosto un monográfico dedicado a Dvořák, junto a la violonchelista Julia Hagen; y para el concierto de clausura del día 30, que contará con el Orfeón Donostiarra, ha seleccionado obras de Verdi y Tchaikovsky. Ambas citas darán comienzo a las 20:00 en el Auditorio Kursaal. Las últimas entradas para estos conciertos se pueden adquirir en quincenamusical.eus y en las taquillas del Kursaal y Teatro Victoria Eugenia.

La Orquesta Filarmónica de la Scala de Milán surgió en 1982 de la mano de Claudio Abbado, como formación autónoma integrada por músicos de la orquesta del Teatro alla Scala, con el objetivo de desarrollar una actividad sinfónica paralela a la labor operística del histórico coliseo milanés. Aunque su plantilla la forman los mismos instrumentistas de la orquesta titular del teatro, está específicamente dedicada al repertorio sinfónico. La Filarmónica tiene su propia temporada sinfónica, su marca, su programación y proyectos como el concierto al aire libre Concerto per Milano, que cada año reúne a miles de personas en la Piazza del Duomo. Además de Abbado, la Filarmonica della Scala estableció fuertes lazos con Carlo Maria Giulini y con Riccardo Muti. Y, por supuesto, Riccardo Chailly, quien a finales de este año concluirá la labor que como director musical de La Scala y de la Filarmónica viene desempeñando desde 2015; a lo largo de la última década Chailly ha intensificado la presencia internacional de la orquesta, con un denso calendario de giras y grabaciones discográficas, entre las que destacan los discos dedicados a compositores italianos. Ha trabajado, asimismo, con los directores más importantes de los últimos 40 años: Georges Prêtre, Lorin Maazel, Wolfgang Sawallisch, Zubin Metha, Leonard Bernstein, Daniel Barenboim y muchos otros. 

Riccardo Chailly, uno de los pocos miembros en activo de una de las más brillantes generaciones de directores, está considerado una de las batutas más influyentes de las últimas décadas. Nació en Milán en 1953 y, como hijo del compositor Luciano Chailly, creció inmerso en un ambiente musical. Completó su formación como director bajo la tutela de Franco Ferrara en Siena, y a los veinte años se convirtió en asistente de Claudio Abbado en el Teatro alla Scala de Milán. Desde entonces ha sido titular de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín, la Royal Concertgebouw Orchestra de Ámsterdam y la Gewandhausorchester de Leipzig, al tiempo que desarrollaba una intensa carrera operística en escenarios como la Metropolitan Opera de Nueva York, el Covent Garden de Londres, la Ópera Estatal de Viena o la Bayerische Staatsoper de Múnich. Paralelamente, Chailly ha construido una extensísima discografía —gran parte para el sello Decca— por la que ha recibido numerosos galardones internacionales. Sus visitas a la Quincena junto a la Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam se remontan a 1997 y 2003, y en 2024 regresó al festival acompañado ya por la Orquesta Filármonica de la Scala. 

Sábado 29 de agosto. El programa estará íntegramente dedicado al compositor bohemio Antonín Dvořák, con dos de sus obras más populares. Dvořák escribió su Concierto para violonchelo en si menor entre 1894 y 1895, durante su último año como director del National Conservatory of Music de Nueva York. Está considerado uno de los grandes conciertos para violonchelo de todos los tiempos, admirado tanto por la riqueza de su escritura orquestal como por el brillo y lirismo de la parte solista. Esa parte solista correrá a cargo de la joven violonchelista austríaca Julia Hagen, nacida en Salzburgo en 1995 en el seno de la célebre familia de músicos del Hagen Quartett. Hagen se ha consolidado como una de las grandes promesas de su generación y es invitada habitual de festivales como los de Salzburgo, Verbier o Gstaad, y ha colaborado con orquestas como la Tonhalle de Zúrich, Konzerthausorchester de Berlín o la Bruckner Orchester de Linz. Hagen toca un extraordinario violonchelo Francesco Ruggieri de 1684, cuya sonoridad cálida y profunda se adapta de manera ideal al universo lírico y nostálgico de este concierto de Dvořák.

En la segunda parte del concierto, se podrá disfrutar de la célebre Sinfonía n.º 9 en mi menor, op. 95, conocida como “Del Nuevo Mundo”. Compuesta en 1893, también durante la estancia del compositor en Estados Unidos, refleja a la vez la nostalgia por su Bohemia natal y su fascinación por el paisaje sonoro americano.

Programa de mano


Domingo 30 de agosto – CONCIERTO DE CLAUSURA. El concierto que el 30 de agosto ofrecerán Orquesta Filarmónica de la Scala de Milán y Riccardo Chailly supondrá un fin de fiesta de altura para el festival. En programa, dos grandes especialidades de Chailly: Giuseppe Verdi y Piotr Ilich Tchaikovsky. Abrirá la velada la Obertura de “La forza del destino” de Verdi; añadida en 1869, está concebida como un auténtico poema sinfónico independiente. Y a continuación, dos de las Cuatro piezas sacras, que Verdi compuso entre 1886 y 1897, en italiano y en latín, para formaciones vocales y orquestales muy diversas; el Stabat Mater destaca por su escritura para coro mixto y orquesta, en la que el dramatismo del texto sobre el sufrimiento de la Virgen al pie de la cruz se ve intensificado por una expresividad casi operística. El Te Deum, para doble coro y orquesta, se considera uno de los últimos grandes logros de Verdi y combina momentos de sobria plegaria con otros de desbordante exaltación, superponiendo la masa coral y la orquestal en una construcción monumental. A la orquesta milanesa se le unirá el Orfeón Donostiarra, un aliado inseparable de la Quincena a lo largo de toda su historia (ha participado en más de 70 ediciones) e invitadoa menudo al concierto de clausura. 

En la segunda parte, y retomando la temática del destino, Riccardo Chailly dirigirá una de las sinfonías más originales de finales del siglo XIX, la Sinfonía n.º 4, op. 36, de Piotr Ilich Tchaikovsky, en la que el sinfonismo y el espíritu del ballet se dan la mano en una extraordinaria demostración de virtuosismo orquestal, lirismo y pasión romántica.

Este concierto cuenta con el patrocinio de Laboral Kutxa.

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Nota de prensa

 

 

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